EEUU podría estar al borde del primer declive poblacional de su historia, algo que las previsiones del censo no estimaban que ocurriera hasta dentro de varias décadas. Este adelanto se explicaría en las políticas de control de la inmigración que está aplicando el presidente de EEUU, Donald Trump, y llevan a los expertos a no descartar que ocurra este mismo año.
Mientras EEUU se prepara para celebrar su 250 aniversario, la ofensiva migratoria de Trump desde que hace un año inaugurara su segundo mandato está teniendo un impacto directo en la demografía del país y poniendo en jaque una de las señas de identidad: su capacidad para atraer talento y expandir su población.
En 2023 se publicó la última previsión del censo a largo plazo. La principal predicción alejaba la primera caída de la población a 2081, pero las políticas de Trump llevan a los expertos mencionados por Bloomberg a indicar que, en el mejor de los casos, EEUU podría registrar una tasa de crecimiento poblacional inferior a la de Alemania, donde el envejecimiento de su población ha contribuido a su reputación actual como “enfermo de Europa”.
El drástico acercamiento de este hito histórico -y económico- podría hacer que EEUU dejar atrás el estado de gracia -poblacionalmente hablando- que le sitúa por encima de otros países y continentes. Si finalmente anota en 2026 el primer descenso real de la población en su historia – o incluso si sucede algo más tarde- el consenso entre los expertos de ambos bandos en el debate migratorio es bastante unánime en la lectura de la situación: el mandato de Trump está acelerando un punto crítico.
El espejo de China, Japón o Europa no asusta a Trump
Cuando la migración neta deje de compensar la disminución de los nacimientos y el aumento de las muertes que conlleva el envejecimiento de la población nativa -y cuanto más severa sea la ofensiva migratoria de Trump, dejará de crecer o disminuirá la población estadounidense-, el país norteamericano empezará a notar el impacto en su masa económica que ya luchan por detener otros lugares del planeta. Hasta ahora, EEUU se había mantenido al margen de esta conversación.
China es mejor ejemplo para entender lo nocivo de entrar en declive poblacional. El país asiático, que en 2025 registró su tasa de natalidad más baja desde la fundación de la República Popular en 1949, quizás nunca podrá superar a EEUU como primera potencia económica del mundo por su problema demográfico. Japón, que alcanzó su máximo de población en 2010 con 128 millones de personas, ha visto como el declive poblacional lleva años lastrando el crecimiento. Y en Europa, por acabar con los ejemplos, el monstruo demográfico lleva mucho tiempo alimentando su narrativa de malestar económico.
Sin embargo, esto no asusta a la Administración Trump, que, frente a las protestas de los economistas, se centra en cumplir su promesa de reducir la población inmigrante bajo el argumento de que aportará mayores oportunidades y salarios para los trabajadores nativos y reducirá el coste de la vida, desde la vivienda hasta la atención médica, al reducir la demanda.