La economía mundial contiene el aliento ante el histórico desplome de los inventarios de petróleo: “Lo peor está por llegar”

La economía mundial contiene el aliento ante el histórico desplome de los inventarios de petróleo: “Lo peor está por llegar”

Mientras que los mercados miran hacia otro lado, la economía global se enfrenta a una crisis energética sin precedentes que está a punto de comenzar a sentirse de forma real y tangible, más allá de los precios del surtidor. Aunque el descenso de los futuros de petróleo durante esta semana ha supuesto un alivio para los mercados, bancos centrales y consumidores, los fundamentales del mercado dicen otra cosa. Ese descenso del precio está lejos de ser el fin de los problemas de un mercado que se ha tensionado a la ‘velocidad de la luz’ y eso que partía de una situación de histórica sobreoferta (se producía mucho más petróleo del que se consumía). Esa sobreoferta permitió que las refinerías y los centros de almacenamiento acumulasen reservas de petróleo a buen precio. Sin embargo, hoy, esas reservas están desapareciendo muy rápido; cada día se ‘evapora’ el equivalente al consumo de cinco ‘Españas’. Las reservas mundiales de petróleo se desplomaron a un ritmo récord en abril, generando el riesgo de un nuevo y fuerte repunte de los precios antes de la temporada de viajes de verano.

Las reservas de crudo se han desplomado en casi 200 millones de barriles, o 6,6 millones de barriles diarios, según estimaciones de S&P Global Energy, incluso cuando los precios más altos provocaron un desplome de la demanda de unos 5 millones de barriles diarios, la caída más pronunciada jamás registrada fuera de la pandemia del covid. Este descenso supone que cada día desaparecen reservas suficientes para alimentar la demanda de unas cinco ‘Españas’, una cifra muy grande, teniendo en cuenta que España es una economía relativamente intensiva en petróleo dado sus niveles de desarrollo y que es la decimosegunda potencia mundial.

La economía global está sufriendo ya los elevados precios del combustible, que erosionan de forma notable el poder adquisitivo de unos consumidores que estaban manteniendo el crecimiento económico en Europa. Al mismo tiempo, algunos sectores muy sensibles al precio del petróleo ya empiezan a reducir sus inversiones y operaciones (por ejemplo, las aerolíneas), lo que también reduce la inversión, el componente más volátil del PIB, en la economía. Al mismo tiempo, unos gobiernos con posiciones fiscales ya muy vulnerables, se endeudan para intentar amortiguar el impacto de la crisis energética en los bolsillos de sus ciudadanos. Esto es solo una parte. El ajuste real aún está por llegar, según los expertos.

“Desafortunadamente, las mejoras en la intensidad del consumo de petróleo son un arma de doble filo. El consumo de petróleo hoy en día está más concentrado en usos de alto valor y en áreas donde no hay sustituto, como el transporte terrestre o aéreo y el transporte marítimo”, advierte Christof Rühl, Investigador principal del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia y miembro del consejo asesor de Crystal Energy.

Este experto destaca que estas son actividades económicas fundamentales, menos sensibles a los precios que los motores de crecimiento discrecionales o orientados al consumo. Una vez interrumpidas, es probable que se produzcan efectos en cascada en toda la economía, sentencia. Este es otro punto de no retorno. A todo ello habría que sumarle la expectativa de que los bancos centrales comiencen a subir tipos, lo que también dañará la actividad económica y la inversión en un intento por devolver a la inflación al objetivo del 2%.

Un ajuste inevitable en el mercado

“Esto es enorme, está muy por encima del rango habitual”, asegura Jim Burkhard, jefe de investigación de crudo en S&P, añadiendo que, en un mes normal, las reservas mundiales fluctúan entre unos cientos de miles y un millón de barriles, según explica en declaraciones a el Financial Times. “Se avecina un ajuste inevitable del mercado”, asegura. En total, el mercado petrolero ha perdido 1.000 millones de barriles de crudo debido a la guerra con Irán hasta la fecha y, aunque la demanda está cayendo rápidamente, está siendo “superada por la pérdida de oferta”, agregó. “Los precios del crudo seguirán subiendo”.

Los precios del petróleo se han disparado desde el inicio de la guerra a finales de febrero, debido a que tanto Irán como EEUU han restringido el tráfico a través del estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial, y a que los ataques han dañado la infraestructura energética de la región. Sin embargo, los operadores han advertido que es probable que los precios suban aún más una vez que las reservas mundiales caigan por debajo de niveles críticos, y algunos predicen que ese punto de inflexión se alcanzará en las próximas semanas. Los más atrevidos señalan junio como el mes crítico.

En este contexto, Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 Iberia asegura que “la pregunta clave es muy simple: ¿está abierto el Estrecho de Ormuz o no? Mientras siga parcialmente cerrado, el mercado va a seguir tensionado. Si el bloqueo se prolonga, ver el barril por encima de los 200 dólares no debería sorprender a nadie. No es un escenario extremo, es pura aritmética: estamos perdiendo en torno al 13% del suministro global y ese volumen no puede sustituirse con rapidez.”

Por ahora, con el barril de Brent por encima de los 100 dólares (se prevé que el crudo siga ‘caro’ por un tiempo), todavía no se refleja el riesgo real que está generando esta crisis. Los datos de S&P incluyen todo el petróleo almacenado tanto por gobiernos como por empresas, así como el que se encuentra actualmente a bordo de buques cisterna en alta mar. La caída incluye el petróleo liberado por la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos en respuesta a la crisis energética derivada de la guerra. Aunque las reservas mundiales totales de petróleo ascienden a unos 4.000 millones de barriles, según Burkhard, una gran parte de ellas se destina a las operaciones diarias, como el buen funcionamiento de las refinerías y la presurización de los oleoductos, lo que limita el volumen que se puede extraer fácilmente.

Unos 40 días de suministro

Poco a poco, las reservas mundiales de petróleo se están acercando a su nivel más bajo en ocho años, según Goldman Sachs. El banco añadió que solo quedan unos 40 días de suministro de productos refinados, como gasolina, diésel y combustible para aviones, en todo el mundo, y señaló descensos especialmente importantes en Asia y África. “La velocidad de agotamiento y las pérdidas de suministro en algunas regiones y productos son preocupantes”, afirman los analistas de Goldman Sachs.

En el norte de Europa, las reservas de combustible para aviones han caído a su nivel más bajo en seis años en abril, según la agencia de precios Argus, mientras que en EEUU las reservas de gasolina se encaminan a alcanzar su nivel más bajo de la historia en verano, durante la temporada alta de conducción.

EEUU aguanta mejor… por ahora

A pesar de que el precio medio de la gasolina en las gasolineras ronda los 4,50 dólares por galón, los conductores estadounidenses aún no han reducido significativamente su consumo, según Morgan Stanley. El banco estima que uno de cada once barriles de petróleo es utilizado por los conductores estadounidenses y pronostica que las reservas de Estados Unidos podrían caer por debajo de los 200 millones de barriles a finales de agosto, lo que equivale aproximadamente a una semana de demanda.

Sin embargo, EEUU aún no ha sentido el impacto total de la crisis, afirmó Burkhard, señalando que sus reservas de crudo siguen siendo superiores a las de esta misma época del año pasado. La mayor parte de la caída global de las reservas se ha registrado en Asia, añadió. Indicó que una fuerte caída en las reservas estadounidenses podría desencadenar una alarma generalizada. “Lo peor de la crisis está por venir”, concluye.

La economía mundial contiene el aliento

La economía mundial todavía no ha sentido de lleno el golpe de la crisis del petróleo, pero eso no significa que el peligro haya desaparecido. De hecho, según un extenso informe de BCA Research elaborado por su estratega jefe, Peter Berezin, “el riesgo de recesión aumentará de forma significativa si el estrecho de Ormuz permanece cerrado hasta junio”. El analista advierte de que el mundo se encuentra aún en la fase inicial del shock energético y que buena parte de los daños tardan meses en aflorar plenamente. “Históricamente, los shocks petroleros tienen un impacto retardado sobre la actividad”, recuerda BCA, señalando que el mayor efecto sobre el crecimiento suele producirse cuatro trimestres después del inicio de la crisis y el impacto máximo sobre el PIB llega alrededor de seis trimestres más tarde. Desde JP Morgan ya señalaban un riesgo de recesión del 35% de probabilidad a nivel global.

Por ahora, el mercado está sobreviviendo gracias a varios amortiguadores extraordinarios. El primero son las reservas acumuladas durante los últimos años que se están evaporando rápidamente. Por otro lado, el informe explica que la aparente resistencia de la economía también tiene mucho que ver con factores psicológicos y temporales. Empresas y consumidores siguen actuando como si el shock fuese pasajero. “Si la gente espera que los precios permanezcan altos solo temporalmente, recurrirá a sus ahorros o se endeudará para mantener su nivel de gasto”, explica Berezin.

Eso mismo está ocurriendo con las empresas, que continúan contratando y evitando despidos ante la expectativa de que la crisis energética remita pronto. El problema es que el mercado podría estar subestimando el riesgo geopolítico. Matt Gertken, estratega geopolítico jefe de BCA, cree que los inversores “son demasiado complacientes” y estima que, aunque existe un 60% de posibilidades de que Irán y EEUU alcancen algún tipo de acuerdo, “solo hay un 30% de probabilidades de que ese acuerdo sobreviva más de doce meses”.

La IA también amortigua el golpe

Otro elemento que está evitando, de momento, un desplome económico es el extraordinario auge de la inteligencia artificial. La inversión en hardware y software vinculados a la IA ha alcanzado niveles récord en EEUU, representando ya el 4,9% del PIB, por encima incluso del pico de la burbuja tecnológica del año 2000. Este boom está sosteniendo la demanda global y favoreciendo especialmente a Asia, donde numerosos países están profundamente integrados en la cadena de suministro tecnológica. Sin embargo, BCA alerta de que este apoyo es frágil: “Fuera de la inteligencia artificial, la inversión empresarial ha sido tibia”, lo que significa que, si el impulso tecnológico se debilita, desaparecería uno de los principales pilares que están manteniendo viva a la economía mundial.

Mientras tanto, la inflación sigue siendo una amenaza latente. Aunque las expectativas de inflación a largo plazo permanecen relativamente contenidas, BCA recuerda que esto se debe en parte a la creencia de que los bancos centrales “harán lo que sea necesario” para devolver la inflación a sus objetivos. El problema es que el crecimiento salarial global ya se ha desacelerado desde el 5,1% hasta el 3%, y si la inflación energética continúa subiendo, los salarios reales podrían caer otro 1% durante los próximos doce meses. Eso implicaría una erosión progresiva del poder adquisitivo de los hogares y, eventualmente, un frenazo del consumo.

La historia económica tampoco invita al optimismo. Berezin recuerda que en los grandes shocks petroleros de los años 70 y comienzos de los 80 las bolsas resistieron inicialmente, incluso mientras el petróleo se disparaba, para desplomarse meses después cuando la recesión empezó a hacerse evidente. “Los mercados tienden a reaccionar con retraso al impacto de los precios del petróleo”, subraya BCA. El S&P 500 apenas cayó un 11% durante el embargo árabe de 1973 pese a que el petróleo se disparó un 135%, pero después se hundió un 36% cuando la economía entró en recesión. Un patrón similar ocurrió tras la Revolución iraní de 1979.

Por todo ello, el mensaje central del informe es también que lo peor podría no haber llegado todavía. La economía global sigue funcionando gracias a inventarios acumulados, gasto fiscal, compras preventivas y el boom de la IA, pero todos esos factores tienen fecha de caducidad. Si el estrecho de Ormuz continúa bloqueado y hogares y empresas empiezan a asumir que el shock energético será duradero, el comportamiento económico podría cambiar bruscamente hacia la cautela. Y es precisamente ahí donde, según BCA Research, el riesgo de recesión volvería a dispararse.

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