Abelardo de la Espriella conquista Colombia para la derecha pero la izquierda aún gobierna más en Latinoamérica

Abelardo de la Espriella conquista Colombia para la derecha pero la izquierda aún gobierna más en Latinoamérica

La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia de Colombia confirma el giro hacia la derecha que vive buena parte de América Latina, pero no significa que la izquierda haya dejado de ser la fuerza política dominante si, en lugar de contar países, contamos habitantes y peso económico.

Ésta es la paradoja que define la América Latina de 2026: si contamos presidentes, la derecha gana; si contamos población y una parte muy importante del PIB, la izquierda todavía gana.

La nueva fotografía latinoamericana presenta una derecha que ha conseguido conquistar un mayor número de Gobiernos, mientras que la izquierda continúa gobernando a una proporción extraordinariamente elevada de la población y de la economía regional.

Colombia se incorpora ahora al grupo de países gobernados por la derecha después de cuatro años de Gustavo Petro. Su nuevo presidente representa un cambio de rumbo significativo en un país que en 2022 había protagonizado uno de los giros políticos más importantes de la región con la llegada de la izquierda al poder. La victoria de De la Espriella confirma, además, una tendencia que ya se había manifestado en Argentina, Ecuador, Chile y Perú, entre otros países, y que ha debilitado considerablemente la llamada nueva marea rosa latinoamericana.

Sin embargo, el número de presidentes no cuenta toda la historia. Brasil y México son la clave para entender la diferencia. Los dos países más poblados de América Latina están gobernados por la izquierda y juntos reúnen alrededor de 345 millones de habitantes, más de la mitad de la población de América Latina y el Caribe, que ronda los 667 millones. Brasil aporta aproximadamente 213 millones de habitantes y México cerca de 132 millones. En otras palabras, aunque la derecha pueda gobernar más países, la izquierda puede seguir gobernando a más de la mitad de los latinoamericanos simplemente por el enorme peso demográfico de estos dos gigantes.

La misma paradoja aparece cuando se analiza la economía. Brasil y México son también las dos mayores economías latinoamericanas. El PIB nominal brasileño se sitúa en torno a los 2,2 billones de dólares, mientras que el mexicano ronda los 1,9 billones. Juntos generan aproximadamente 4,1 billones de dólares anuales, una cantidad que convierte a ambos países en el principal centro económico de la región y que hace que el peso de la izquierda sea considerablemente mayor de lo que sugeriría un simple recuento de Gobiernos.

Colombia, por su parte, aporta más de 50 millones de habitantes y un PIB cercano a los 400.000 millones de dólares, por lo que su cambio de orientación política no es irrelevante. La llegada de De la Espriella refuerza claramente el bloque de derechas y tiene además un enorme valor simbólico, porque Colombia se había convertido durante el mandato de Petro en uno de los principales referentes de la izquierda latinoamericana. Pero incluso con el giro colombiano, el peso conjunto de Brasil y México continúa siendo demasiado grande como para afirmar que la izquierda ha dejado de gobernar a la mayoría de los latinoamericanos.

La cuestión demuestra la importancia de distinguir entre mayoría de Gobiernos y mayoría de población. Si se contabilizan presidentes, la derecha puede aparecer claramente por delante; si se contabilizan ciudadanos, el resultado puede ser exactamente el contrario. No pesa lo mismo un Gobierno en un país de diez millones de habitantes que uno en Brasil, donde viven más de 200 millones de personas. Tampoco es equivalente controlar una economía pequeña que dirigir las dos mayores economías de la región.

Esto no significa que toda la izquierda latinoamericana pueda considerarse un bloque homogéneo. Brasil, México y Uruguay representan modelos políticos muy diferentes de los de Cuba, Nicaragua o Venezuela, aunque todos puedan ser situados, con distintos matices, dentro del campo político de la izquierda. Del mismo modo, las derechas latinoamericanas tampoco constituyen un bloque uniforme: conviven posiciones liberales, conservadoras, nacionalistas, libertarias y populistas. Por eso, cualquier clasificación entre izquierda y derecha debe entenderse como una simplificación útil para observar tendencias generales, no como una descripción exhaustiva de cada Gobierno.

Lo que sí resulta difícil de discutir es que América Latina atraviesa un nuevo ciclo político. El desgaste de varios Gobiernos progresistas, la preocupación por la inseguridad, el narcotráfico, el crecimiento económico y el coste de la vida han favorecido a candidatos de derecha, a lo que se suma la evidente influencia de Estados Unidos y de Donald Trump en la evolución política de la región, especialmente en países como Colombia, cuyo presidente, Abelardo de la Espriella, también es ciudadano estadounidense. Al mismo tiempo, el mapa latinoamericano exige algunos matices: Cuba y Nicaragua no son democracias, mientras que Venezuela, ahora bajo una creciente tutela de Washington, continúa de momento bajo el régimen chavista. Las fuerzas progresistas conservan, además, dos enormes centros de poder en Brasil y México. La región, por tanto, no ha pasado simplemente de una hegemonía de izquierdas a una hegemonía de derechas: se encuentra en una situación mucho más equilibrada, en la que el número de Gobiernos y el peso real de los países ofrecen imágenes diferentes.

La economía añade todavía más importancia a esta distinción. El Banco Mundial prevé para América Latina y el Caribe un crecimiento de alrededor del 2,1 % en 2026, una tasa modesta que refleja problemas estructurales de productividad, inversión y crecimiento. En este contexto, las elecciones están cada vez más condicionadas por cuestiones económicas y de seguridad, y eso ayuda a explicar el éxito de las nuevas derechas latinoamericanas.

La gran incógnita será Brasil. Las elecciones presidenciales de 2026 pueden alterar por completo el equilibrio regional. Una victoria de la derecha brasileña tendría un efecto mucho mayor que el de cualquier otro cambio de Gobierno latinoamericano debido al tamaño de su población y de su economía. Si, por el contrario, el campo progresista conserva el poder en Brasil, la izquierda seguirá contando con los dos grandes gigantes demográficos de América Latina, aunque la derecha controle un número mayor de Gobiernos.

La llegada de Abelardo de la Espriella, por tanto, es una señal inequívoca del avance de la derecha, pero no permite afirmar que la izquierda haya dejado de ser la fuerza que gobierna a más latinoamericanos. La derecha está conquistando países, mientras la izquierda conserva todavía los dos grandes pesos pesados de la región: Brasil y México.

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