La cumbre de dos días entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping, celebrada en Pekín los días 14 y 15 de mayo, representa el encuentro directo más significativo entre las dos mayores economías del mundo desde el inicio de la reciente guerra arancelaria. Enmarcada en un contexto de pompa militar, banquetes de Estado y una diplomacia cuidadosamente orquestada, la cumbre ha generado una combinación de compromisos comerciales iniciales tangibles y tensiones estructurales sin resolver. El mensaje predominante de ambas partes es un deseo compartido de estabilidad, pero el camino hacia una normalización comercial duradera sigue siendo complejo e incierto. La ausencia de grandes titulares ha provocado cierta decepción mientras se espera que en los próximos días se conozca alguna novedad más y los analistas intentan desgranar el concepto de “estabilidad estratégica constructiva” que ha dejado sobre la mesa Pekín tras el encuentro con Washington.
La cumbre se inauguró con Xi Jinping anunciando un posible “nuevo capítulo” en las relaciones bilaterales, mientras que Trump elogió a su homólogo como un “gran líder” y lo invitó a visitar la Casa Blanca en septiembre. La cordialidad entre ambos líderes fue ampliamente reconocida. Sin embargo, bajo la aparente cordialidad, la cumbre se desarrolló bajo el peso de profundos desacuerdos estructurales: aranceles elevados, restricciones tecnológicas, tensiones geopolíticas en Taiwán y Oriente Medio, y una desvinculación comercial bilateral que desde hace tiempo es fuente de fricción.
“Muchos participantes del mercado quedaron bastante decepcionados tras la tan publicitada visita de Trump a China, y tanto las acciones como el yuan chino se debilitaron el viernes, ya que la cumbre concluyó sin grandes sorpresas. Es comprensible que los mercados tiendan a preocuparse más por los resultados inmediatos que por la retórica y los temas políticos más amplios, pero eso no resta importancia a estos últimos”, analiza Lynn Song, economista para la Gran China de ING. “Las expectativas previas a la cumbre se moderaron deliberadamente. Ambas partes indicaron con antelación que era improbable que se produjeran avances radicales, y el enfoque de la cumbre, centrado en la “estabilidad” como objetivo a tres años, refleja una decisión estratégica de gestionar la relación en lugar de reestructurarla fundamentalmente”, completan Bernd Weidensteiner y Henry Hao desde Commerzbank.
Los anuncios iniciales parecen bastante limitados, centrándose los titulares en el acuerdo de China para comprar 200 aviones Boeing y la reanudación de las licencias de importación para plantas procesadoras de carne estadounidenses. Algunos analistas recuerdan que la cifra de aviones Boeing es inferior a la de 500 que se rumoreaba nantes de la cumbre. Se prevé que habrá más anuncios en los próximos días y semanas, ya que ambas partes han dado indicios de avances significativos.
Entre las posibles áreas a tener en cuenta se incluyen una prórroga a largo plazo de la tregua comercial, posibles reducciones arancelarias, la flexibilización o la eliminación de los controles de exportación de chips/tierras raras, la mejora del acceso al mercado (también mencionada como parte de la apertura de China en las Dos Sesiones y el Plan Quinquenal de China), y otras medidas, como el aumento del flujo turístico/de viajes y la lucha contra el fentanilo.
Desde luego, apuntan desde Commerzbank, los aranceles eran el ‘elefante en la habitación’. Sin embargo, a pesar de la avalancha de compromisos de compra, la cumbre no ha dado lugar a ninguna reducción anunciada en el régimen arancelario que ha definido la relación comercial bilateral desde 2025. El Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, se mantuvo firme en cuanto a la incertidumbre arancelaria, negándose a comparar los aranceles de China con los aplicados a los aliados de Estados Unidos e indicando que la administración aún no está preparada para ofrecer un alivio arancelario estructural como parte de este compromiso.
Desde la perspectiva china, el foco principal parece estar en el nuevo lenguaje para definir las relaciones entre China y Estados Unidos, concretamente en un posicionamiento denominado “estabilidad estratégica constructiva China-Estados Unidos” para guiar los próximos tres años y pico de relaciones. El concepto fue enunciado por Xi ya el jueves y ha sido recogido por los órganos oficiales chinos en un artículo para hacer balance de la cumbre.
¿Qué significa esto en la práctica? “La estabilidad estratégica constructiva puede parecer un simple eslogan, pero Xi Jinping hizo un llamado a la acción concertada para lograr este objetivo. El mensaje subyacente es fundamental. En esencia, esta postura busca fomentar una relación basada en la cooperación, reconociendo que la competencia es inevitable, pero procurando mantenerla en un nivel razonable. En la práctica, esto probablemente signifique continuar la competencia en sectores estratégicos como el tecnológico, al tiempo que se amplía la cooperación en ámbitos menos sensibles”, explican desde ING.
Dejando a un lado las cuestiones económicas, la otra cara de la estabilidad estratégica constructiva entre China y Estados Unidos también podría incluir una comunicación más abierta y regular, así como el respeto por las líneas rojas de ambas partes. “Para China, la línea roja más importante es, sin duda, la cuestión de Taiwán, algo que quedó meridianamente claro en la cumbre. Xi afirmó que, siempre que se gestione adecuadamente el tema de Taiwán, las relaciones serán generalmente estables, mientras que, de no hacerlo, podrían surgir conflictos y llevar los lazos a una situación peligrosa”, añade Lynn Song desde el banco naranja.
“De cara al futuro, los hechos valen más que las palabras. Avances sustanciales en las negociaciones sobre la guerra con Irán o cambios en la venta de armas estadounidenses a Taiwán podrían indicar que se lograron más progresos a puerta cerrada de lo esperado. El tiempo lo dirá”, remacha el analista.
Estabilizar antes de transformar
Para los estrategas de Commerzbank, la cumbre se entiende mejor como “un ejercicio de estabilización controlada que como un avance comercial transformador”. Ambos líderes tienen fuertes incentivos internos para proyectar éxito, y la cumbre ofrece suficientes logros visibles, compromisos agrícolas, señales positivas en materia energética y acceso restablecido a los mercados para cumplir con ese propósito, añaden Weidensteiner y Hao.
“El acuerdo de priorizar la estabilidad durante los próximos tres años proporciona un marco que, de mantenerse, podría crear las condiciones para una normalización comercial más profunda. Sin embargo, la durabilidad de estos compromisos dependerá de si finalmente se aborda la arquitectura arancelaria, de cómo evoluciona la situación de Taiwán y de si la buena sintonía personal entre los dos líderes se traduce en un progreso institucional duradero. Por ahora, la relación comercial bilateral más importante del mundo se ha alejado del borde del abismo, pero aún no ha trazado un camino claro hacia el futuro”, cierran desde el banco alemán.
Desde Capital Economics, sus analistas geopolíticos también valoran las conclusiones de la cumbre: “Si bien aún esperamos conocer todos los detalles de lo acordado en la cumbre entre los presidentes Trump y Xi, todo parece indicar que se consolidó la tregua comercial existente. Esto debería garantizar la estabilidad a corto plazo en las relaciones entre Estados Unidos y China. Sin embargo, persisten tensiones subyacentes. La durabilidad de esta tregua depende menos de la cordialidad de las palabras intercambiadas por ambos líderes que de la credibilidad de las medidas disuasorias que puedan ejercer el uno contra el otro. Es probable que el poder de dichas medidas se debilite con el tiempo”.
En Gavekal Research centran el enfoque en el conflicto con Irán. “Si Donald Trump viajó a Pekín esperando obtener la ayuda de Xi Jinping para poner fin a la guerra con Irán de forma favorable para Estados Unidos, regresará a Washington el viernes decepcionado. El estancamiento en el Golfo Pérsico continuará sin cambios a corto plazo, y ninguna de las opciones disponibles para el presidente estadounidense para resolver el conflicto parece atractiva”, se muestra tajante su analista Tom Holland, quien considera la expectativa de que China se aliara con Estados Unidos para presionar a Teherán a firmar un acuerdo de paz “poco realista”.
“Si bien los líderes chinos desean que se reanuden los envíos de petróleo del Golfo, que históricamente representan casi la mitad de las importaciones de crudo de China, los esfuerzos de China por reducir su dependencia del petróleo importado y el tamaño de sus reservas petrolíferas hacen que su economía esté relativamente protegida de la actual crisis energética. Además, a los líderes chinos no les desagrada ver a su principal competidor estratégico en desventaja. Y, en cualquier caso, aunque China es el mayor socio comercial de Irán y el mayor comprador de petróleo iraní, la influencia diplomática de Pekín en Teherán tiene límites. Ni siquiera Xi Jinping sería capaz de persuadir a los líderes iraníes para que acepten un acuerdo que amenace su control del poder interno”, completa Holland.