Mientras el sistema de pensiones de España se tambalea, y con él todo el Estado del Bienestar, sale a la luz el que en la sombra es considerado por muchos como uno de los modelos al respecto más fuertes y sostenibles del mundo; un modelo, el de Australia, que lleva años cociéndose a fuego lento hasta lograr gestionar un patrimonio de 4,4 billones de dólares australiano, equivalentes al 160% del PIB nacional.
Las grandes economías observan de reojo el desarrollo del superannuation australiano, sino para copiar el sistema al menos para abrir el debate sobre cómo estimular el ahorro individual privado de cara a la jubilación y poder liberar a las arcas públicas de esta partida. Uno de los más interesados es Estados Unidos dentro de un contexto donde la Social Segurity afronta grandes tensiones financieras que presionan las cuentas públicas y ponen en riesgo su sostenibilidad futura.
Aunque en EEUU, en contra de lo que sucede en España, sí está más extendida la implementación de los planes de pensiones tanto en ámbito empresarial como en ámbito privado, sigue sin ser suficiente. La principal diferencia entre ambas y Australia es el sistema de reparto donde las cotizaciones de los trabajadores actuales financian las pensiones de los jubilados, y con una pirámide cada vez más invertida la hucha comienza a verse vacía. En cambio, los australianos combinan una pensión pública básica con un modelo obligatorio de capitalización individual, que es lo que se conoce como ‘Superannuation Guarantee’.
¿Cómo funciona?
Mientras buena parte de las economías desarrolladas afrontan precisamente el gran reto del envejecimiento con el consiguiente déficit en su sistema público de jubilación, el país oceánico ha conseguido imponer el ahorroro para el retiro laboral en uno de los mayores motores económico del país. Según los datos del organismo Australian Prudential Regulation Authority (APRA), al cierre del primer trimestre de 2026 los fondos superannuation administraban 4,4 billones de dólares australianos.
El sistema de pensiones de Australia obliga a las empresas a aportar un importe del salario del empleado en una cuenta de ahorro privado que a su vez está gestionada por fondos privados y que, con el complemento de la pensión pública, constituye el principal aporte para el retiro laboral. Es de esta manera que el modelo se mantiene relativamente estable, una afirmación que viene por parte del Departamento del Tesoro australiano al referirse a la combinación entre aportaciones obligatorias, rentabilidad financiera a largo plazo y una pensión pública centrada en las rentas más bajas. Además, el propio organismo prevé la sostenibilidad futura a pesar incluso de envejecimiento poblacional.
Según la Australian Prudential Regulation Authority (APRA), el patrimonio gestionado por esos fondos de pensiones supera el tamaño de la producción nacional en un año e incluso sigue creciendo gracias a la rentabilidad obtenida en otros mercados. Con todo, ese gran volumen de ahorro se ha convertido en una gran fuente de financiación pública para levantar infraestructuras e invertir en energías renovables y proyectos internacionales entre otros.
España mira de reojo
En el lado contrario, tanto España como EEUU miran de reojo intentando encontrar el salvamento para mantener la sostenibilidad de sus respectivos resquebrajados sistemas de pensiones. En lo referente al país europeo, es uno de los más generosos de todo el continente. Algo que ya le está pasando factura en tanto a que diversos factores, como el aumento en la esperanza de vida, en número masivo de jubilaciones correspondientes a la generación ‘boomer’ y la reducción del número de trabajadores que cotizan, están elevando de forma considerar el gasto público.
La diferencia no reside únicamente en quién paga la pensión, sino también en quién asume el riesgo. En España, el Estado garantiza la prestación y soporta el impacto del envejecimiento demográfico. En Australia, el riesgo de inversión recae principalmente sobre el ahorro acumulado por cada trabajador, aunque la existencia de una pensión pública mínima actúa como base para quienes no han podido generar un patrimonio suficiente.
Por todo, España ha comenzado a mirar de reojo este modelo. La creación de los nuevos fondos de pensiones de empleo de promoción pública y el impulso al ahorro complementario muestran un intento de diversificar las fuentes de ingresos durante la jubilación. Sin embargo, la diferencia sigue siendo enorme: mientras en Australia el ahorro obligatorio constituye uno de los pilares fundamentales del sistema, en España continúa siendo un complemento todavía minoritario.
Lo que EEUU quiere copiar
A Estados Unidos lo que más interés le despierta es precisamente esa acumulación de ahorro. La diferencia entre ambos sistemas es que la norteamericana combina la Social Security con planes privados de empresa que dependen única y exclusivamente de cada compañía y también de cada trabajador. En este caso no se trata de una medida obligatoria por lo que el resultado resulta bastante desigual: millones de jubilados estadounidense no encuentran una cobertura ni un patrimonio suficiente por lo que dependen de los ingresos públicos.
La atención de Trump de centra en buscar inspiración en los fondos de pensiones privados australianos para reformar el propio estadounidense. En los últimos meses, el presidente ha elogiado repetidamente el sistema de pensiones privado del país, financiado por los empleadores. Sin embargo, la semana pasada anunció que había ordenado al secretario del Tesoro, Scott Bessent, y al secretario de Comercio, Howard Lutnick, que estudiaran dicho modelo como parte de sus conversaciones con el Congreso sobre cómo ampliar el sistema de pensiones estadounidense.
“En Australia tienen un plan que gusta mucho. Ha funcionado de maravilla”, dijo Trump durante su encuentro con Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock Inc., un firme defensor del modelo australiano desde hace varios años. “Vamos a hablar de ello con el Congreso y ver si podemos implementarlo”.
“Estoy impulsando una legislación para garantizar que todos los estadounidenses, desde los camareros hasta los trabajadores eventuales, tengan la oportunidad de generar riqueza, poseer una parte del sueño americano y participar de la prosperidad de nuestra nación”, dijo también el senador de Texas, Ted Cruz.
Los expertos en jubilación advierten que el sistema australiano no es una solución sencilla para Estados Unidos. Incluso si el gobierno quiere reemplazar la Seguridad Social, aún tiene que encontrar la manera de gestionar las prestaciones que ya ha prometido, las cuales actualmente financia principalmente mediante impuestos sobre la nómina.