Manfred Nolte (Bilbao, 1944) es doctor en Ciencias Económicas. Durante casi cuatro décadas trabajó en el sector financiero, donde ocupó cargos de alta dirección en distintas entidades, entre las que destacan la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao y BBK, donde fue director general. Además, siempre ha querido divulgar sus conocimientos en el ámbito educativo. Inició su actividad docente en los años setenta en la Universidad de Deusto, y, tras su jubilación en 2009, la docencia y la reflexión en torno a la dimensión social y moral de la economía se han convertido en el centro de su actividad intelectual. Actualmente imparte cursos en Deustobide – Escuela de Ciudadanía, y combina su actividad como columnista con el trabajo de escritor. ‘Un lustro de crisis singulares – Sí. Esta vez, sí ha sido diferente (2020-2025)’, editado por la Universidad de Deusto, es su nuevo ensayo.
-Ha necesitado prácticamente 700 páginas para hablar de lo sucedido entre 2020 y 2025, ¿por qué ha decidido centrar su nuevo libro en este periodo tan reciente y concreto después de dedicar su anterior volumen, ‘La década perdida. Escritos de un tiempo de crisis’, al periodo comprendido entre 2008 y 2018?
-Cuando terminé ‘La década perdida’ no tenía nada en mente, pero al cabo de un tiempo de descanso, sedimenté algunas ideas surgidas a tenor de mi actividad publicando artículos en prensa e impartiendo clases, relacionadas con que la crisis COVID fue una crisis como un caballo, pero en cambio, la crisis de Ucrania no fue una crisis en sentido tradicional, ya que el lenguaje convencional de la economía habla de crisis solamente cuando hay dos caídas trimestrales del PIB consecutivas, y en ese caso no las hubo.
-La crisis del COVID fue totalmente disruptiva, rotundamente distinta de las anteriores…
-Sí. La crisis del COVID supuso adoptar medidas drásticas que no se habían tomado jamás. Fue la primera vez que se adoptó la medida de aniquilar voluntariamente la economía con los confinamientos, debatidos incluso en el plano de los derechos humanos y algo contra lo que Steven Hanke ha abanderado una crítica feroz. Este prestigioso catedrático americano dice que si volviera a repetirse no deberíamos ir nunca a un confinamiento tan radical. Según sus cálculos, la diferencia entre ese confinamiento radical, que supuso una caída del PIB del 25% en ese trimestre, podría haber sido nada más que de un 8% con un confinamiento algo menos radical, y que la diferencia en muertes no hubiera sido significativa. Ahora bien, creo yo que si en esa diferencia el muerto es tu padre o tu hijo sí hubiera sido más que significativa, ¿no?
-Una crisis que, además, fue totalmente imprevisible a nivel económico.
-Así es. El periodo de recuperación de la crisis de 2008 se prolongó al menos hasta 2014, fecha a partir de la cual comenzamos a tener algunas décimas positivas de PIB. Y de 2017 a 2019 fue la época de los brotes verdes, donde recogimos los vientos de cola, con crecimientos aproximados del 2%, un turismo desbordante, una importante bajada del dólar que redundó en un aumento de nuestras exportaciones… Pero duró poco porque de la noche a la mañana se sucedió la pandemia, un episodio singular que ha supuesto la segunda crisis más importante de la historia de España.
Brotes verdes: “De 2017 a 2019 recogimos los vientos de cola, con crecimientos de en torno al 2%
-El ser humano tiende a olvidar los malos momentos, pero recuérdenos… ¿cuál ha sido la más importante de los últimos tiempos?
-La mayor crisis nacional, con diferencia, fue la del año 36, que se prolongó hasta que se inició el plan de estabilización en 1958. Tanto es así que esta crisis es considerada la segunda más grave de todos los tiempos a nivel mundial. Ahí es nada… En la autarquía de la dictadura franquista, la agricultura representaba el 55% del PIB, hasta que ya en el año 58, con el plan de estabilización impulsado por el Opus Dei, se establecieron diversas medidas para abrir la economía española al mercado internacional.
-¿Y por qué la del COVID sí que fue una crisis diferente?
-Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, en su libro ‘This Time is Different’, advierten de que cuando los gobernantes dicen que esta vez ha sido diferente en realidad no lo es, lo que pasa es que no se ha aprendido de los errores del pasado y ha sido la estulticia de los gobernantes la que nos lleva ahí. Pero en este caso no se trató de una crisis financiera o de superproducción por una mala praxis o una mala gestión, sino que fue una crisis exógena, por eso su singularidad.
-Pero la incertidumbre propia de toda crisis se convirtió en miedo en el caso del COVID.
-Sí. El miedo afectaba a todo, pero desapareció enseguida. Nos hizo aceptar las reglas del confinamiento de una forma ejemplar. La vida social y el turismo cayeron y el ahorro del país subió una barbaridad. Mientras el miedo duró, esos ahorros estuvieron ahí. Pero llegó un momento en el que el miedo se fue y se produjo una explosión de consumo para cobrarse los atrasos… Con lo cual fue una crisis que cumplió con el requisito de dos trimestres, pero que al tercer trimestre ya empezó a dar resultados positivos a nivel económico.
Confinamiento: “Según Steven Hanke si hubiera sido menos radical el PIB habría caído un 8 y no un 25%”
-Entonces se favoreció el consumo frente a la contención del gasto que se instauró en la crisis de 2008.
-Sí. En 2008, la locomotora alemana, con Angela Merkel, todavía tenía los bidones llenos y ellos eran los listos y los trabajadores y los PIGS éramos los vagos y maleantes. Entonces prevaleció la contención del gasto, pero con el COVID no se siguió ese patrón de recortes y reformas para recuperar las reglas doradas del equilibrio fiscal, a pesar del aumento del déficit público y de que la deuda subió espectacularmente, con un paro que aumentó hasta el 24%, pero la aprobación del ingreso mínimo vital creo que fue una gran idea, junto a las distintas líneas de avales, que se vieron acompañados, además, por los fondos europeos Next Generation.
-La gestión de estos fondos ha provocado gran controversia, ¿entiende las quejas?
-Por supuesto. Se concedieron 163.000 millones a España, de los cuales cerca de 80.000 millones eran subvenciones a fondo perdido, pero de los 83.000 millones para préstamos, el Gobierno de España ha renunciado al 70% en un momento en el que estamos bajos de inversiones, un elemento crítico porque es el único componente de la demanda que amplía la capacidad. Adif ha sido quien más ha cogido, pero teniendo las vías así de mal debería haber cogido el doble. Italia, en cambio, se ha llevado hasta el último céntimo de lo que le correspondía. Ha habido codazos entre administraciones, se ha gestionado de forma lentísima y además los fondos han llegado tarde.
-¿Y cómo definiría la situación actual?
-También puede derivar en una crisis exógena, lo que pasa es que teníamos que haber aprendido de la de Ucrania. Es una crisis de canales de suministro, ya que hemos mantenido el modelo de tener los centros de entrada y suministro a distancia y, por tanto, eso nos hace vulnerables. Además de nuestra dependencia de todos los productos asociados al petróleo. Deberíamos aprender de Trump, con respecto a su deseo de que todas las industrias tengan una base en Estados Unidos. Es la lección que nos deja la deslocalización.
Bloqueo del Estrecho de Ormuz: “Tener los centros de entrada y suministro a distancia nos hace vulnerables”
-¿Qué expectativas tiene en estos momentos de la economía española? ¿Cómo cree que va aguantar?
-Va a haber crisis y va a haber inflación. Fertilizantes, helio, carburantes y todo lo que pasa por el Estrecho de Ormuz de momento se está supliendo con los stocks que había, pero los stocks ya están también a punto de acabarse. Y aunque se abriera el paso ahora ya han calcinado 8 de las principales plantas que hay en Kuwait y para reconstruirlas hacen falta cinco años. Entonces, si no hay oferta, nos tendrán que dar un vale de racionamiento, salvo que ahora todo el mundo se haga dependiente de Estados Unidos y Trump quiera comercializar también su fracking y abastecer a todo el mundo. No lo sé, pero tendré que hacer un adéndum al libro porque lo que es seguro es que con el conflicto de Oriente Medio se viene otra crisis de nuevo.