Los patrones migratorios en el mundo actual suelen obedecer a razones económicas o bélicas. Es habitual que los ciudadanos de los países menos favorecidos busquen una vida mejor en economías más prósperas, que ofrecen mayores salarios reales, una seguridad más sólida y mejores oportunidades. La renta per cápita suele ser un buen indicador para ver qué países son receptores y cuáles son emisores de personas. Sin embargo, a veces se suceden excepciones curiosas y España es el ejemplo de una de ellas. En los últimos 25 años no paran de aumentar los italianos que llegan a España para trabajar, un flujo muy superior al de españoles que se marchan a Italia. Esto sucede pese a que Italia es un país más ‘rico’ (hablando coloquialmente) que España y tiene una tasa de paro más baja. Sin embargo, hay varios factores que podrían explicar por qué en este caso son los italianos los que vienen en masa a España en lugar de al revés.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) son esclarecedores. Los italianos residiendo en España casi se han multiplicado por 5 desde el año 2002 a esta parte. Según los datos del INE, en enero de 2025 había casi 170.000 italianos residiendo en España, frente a los 28.000 de 2002. Cuando se analizan las cifras de la Seguridad Social, el número de italianos trabajando en España asciende a 214.675, de los que 75.000 son menores de 35 años. Estos datos contrastan de forma clara con los de otras nacionalidades equiparables como franceses, británicos o alemanes (están más estancadas, apenas crecen), que pese a tener más residentes en España que Italia, cuando se analizan los datos de Seguridad Social apenas un tercio están trabajando (aparecen como afiliados). La gran diferencia es que los italianos vienen a España a trabajar o estudiar en su mayoría, mientras que las otras nacionalidades señaladas vienen a retirarse a la ‘Florida’ de Europa, que es España.
Comparación con Francia y Alemania
Paolo Pizzoli, economista sénior de ING para Italia, atiende cortésmente a este medio por correo electrónico. En su respuesta, da más detalles sobre este flujo migratorio, poniendo el acento en lo que ha ocurrido en los últimos años: “Las cifras aumentaron de forma bastante drástica a partir de 2023, sobre todo si se comparan con otros destinos económicamente atractivos, como Francia y Alemania. Hay que tener en cuenta que los datos de 2024 podrían estar inflados por el hecho de que, en ese año, se incrementó considerablemente la sanción por no comunicar la residencia en el extranjero al AIRE (Registro de Italianos Residentes en el Extranjero. Muchos de los ‘nuevos’ migrantes podrían haber sido, de hecho, la inscripción en la lista de personas que ya residían en el extranjero (ya fuera en España o en Alemania)”.
En este caso, las cifras macroeconómicas puras complican un poco el escenario en la búsqueda de conclusiones. Más allá de la percepción psicológica que siempre ha existido en España de que Italia estaba por delante como potencia económica en el ‘ranking’ de la UE, visión que solo cambió algo cuando los Gobiernos tecnócratas llegaron al país transalpino tras la Gran Crisis, algo que aquí no sucedió, los guarismos dicen una cosa y la contraria. Por un lado, la evolución de la economía española en las últimas décadas, especialmente desde la entrada en el euro, ha sido notablemente mejor, dándose una clara convergencia en favor de España en algunas métricas. Por otro, Italia sigue ‘dominando’ en cifras con alto simbolismo.
Salvando el hecho de que Italia tiene una población unos 10 millones de habitantes mayor que la de España, su producto interior bruto (PIB) se encarama sobre los 2,3 billones de euros a cierre de 2025, mientras que el español se queda a las puertas de los 1,7 billones. En términos de riqueza de sus habitantes, medida a través del PIB per cápita, Italia sigue por delante con 33.000 euros corrientes frente a los poco más de 28.000 de España. Si esto se le suma que España luce su mejor tasa de paro en casi 20 años con un 10,8% en el primer trimestre de 2026, mientras que la de Italia ha caído hasta un muy meritorio 5,1% en abril (la mejor tasa desde los años 70, en el primer semestre de 2021 superaba el 10%), cuesta entender aún más el fenómeno descrito con la llegada de mano de obra italiana.
Como cuando lo cualitativo sale al rescate de lo cuantitativo, el testimonio de italianos que han venido a trabajar a España en los últimos años ofrece coordenadas a seguir. Filippo lleva años viviendo en España. Llegó para estudiar porque no logró entrar en la carrera que ansiaba en su Bolonia natal, pero un amigo le dijo que en España el acceso a la universidad era más sencillo y que algunas carreras como fisioterapia son relativamente baratas en la privada. No se lo pensó dos veces. Nacido en 1991, Filippo trabajo hoy como profesor de pilates cerca de Arturo Soria, gana unos 3.500 euros al mes y está a punto de comprarse una vivienda en solitario para pasar el resto de su vida en España. Este joven explica a elEconomista.es que la vida en Italia no es sencilla para los jóvenes, los salarios son un poco más altos, pero en ciudades como Bolonia el coste de la vida es muy elevado. España es una opción que eligen cada vez más italianos para su proyecto de vida.
Luca es otro italiano que vive desde hace años en España. Este joven nacido en 1988 ha sido un trotamundos (ha vivido en Australia, Reino Unido…), pero finalmente ha decidido quedarse en Málaga. Por un lado nos explica que le recuerda a su Sicilia natal (Andalucía en general) y por otro admite que también está en Andalucía porque su mujer es de allí. No obstante, Luca estudió un curso profesionar para ser coctelero (con acrobacias incluidas) y admite que aquí en España es más fácil tener un empleo bien remunerado con esa profesión que la mayor parte de Italia. Luca comenta también que ha llegado a hacer más dinero pasando un verano entero en Ibiza de lo que podría haber ganado casi haciendo el mismo trabajo un año entero en Sicilia. Ahora quiere montar su propio negocio, pero admite que Málaga está cada vez más cara y que por ahora seguirá trabajando como asalariado en un local especializado en cócteles.
Massimiliano es un técnico de Sistemas que aterrizó en España en noviembre de 2014. Aunque confiesa a este periódico que vino a España “por amor”, como tantos otros compatriotas, reconoce, incide en la importancia del coste de la vida. “En España es más bajo con respecto a Italia. Aquí es más viable y manejable todo”, afirma pese a residir en Madrid, donde el poder adquisitivo puede sufrir más que en otras regiones. Pese a que cada día tiene que oír la frase de que todo está cada vez más caro en España, Massimiliano se reafirma en su argumento: “Italia es cada día más cara de lo aceptable”.
Giancarlo es otro joven italiano al que, nada más escucharle, se detecta que lleva años en España pese a su juventud. Entre broma y broma explica a este medio que ha mejorado mucho su español hablando ocho horas cada día con sus clientes. Trabaja de fisioterapeuta como autónomo en una clínica del centro de Madrid. Sin embargo, admite que lleva varios años viviendo en Madrid, ciudad a la que llegó para estudiar la carrera. Giancarlo habla de un término desconocido en España, en lo que a la educación universitaria se refiere: el ‘numero chiuso’ (número cerrado).
Se trata de un sistema de acceso restringido y por plazas limitadas que utilizan las universidades italianas, especialmente estricto en carreras de alta demanda como Medicina, Veterinaria o Arquitectura. Requiere superar exámenes de admisión muy complejos. Debido a los límites de plazas en Italia, muchos estudiantes que se quedan fuera deciden emigrar para no perder años de su vida intentando aprobar el acceso. Estos italianos destacan que en España no hace falta realizar una prueba de acceso para estudiar ni en la pública ni en la privada. El propio Ministerio de Educación en su web señala que “los alumnos italianos no tienen que hacer la prueba de acceso a la universidad española. La superación del Esame di Stato es el requisito principal, pero hay otras cuestiones a considerar como la conversión de la calificación, las enseñanzas cursadas, etc”.
El economista de ING centra también el tiro en los jóvenes: “Un factor que influye en la decisión de trasladarse al extranjero podrían ser las diferencias salariales iniciales (medidas en euros o ajustadas al poder adquisitivo) o, posiblemente más relevante en el caso español, la progresión profesional (y salarial) relativamente lenta en Italia, que se aplica también a los titulados universitarios”. Esta lenta trayectoria profesional tiende a limitar la diferencia entre los ingresos totales a lo largo de la carrera de los titulados universitarios frente a los no titulados, explica el analista italiano. “Esto no crea el incentivo adecuado para aumentar la matriculación en la educación superior en Italia”, subraya.
No todo es la universidad. De poco valdría quedarse en España con un título, si en Italia fuera sencillo obtener un mejor puesto de trabajo con mayor remuneración y estabilidad. Massimo Bassetti, economista italiano afincado en España y Doctor en Economía, explica en declaraciones a elEconomista.es que “el motivo no es tanto que España esté ‘mejor’ que Italia en general, sino cómo lo viven los jóvenes. En Italia, muchos recién graduados se encuentran con un mercado laboral bastante rígido, sueldos de entrada bajos, mucha temporalidad y la sensación de que sin contactos es difícil avanzar. Este último punto me parece muy importante, el sistema sigue siendo muy rígido y el peso de las redes personales para conseguir ciertos puestos es bastante insufrible”, asegura Bassetti.
Volviendo a las áridas cifras macro, recientemente han brotado análisis que advierten de que ‘no es oro todo lo que reluce’ en el mercado laboral italiano. Bajo una envidiable (a ojos de España) tasa de paro, se esconde una realidad, como mínimo, inquietante: la voluminosa salida de jóvenes del mercado laboral. Sintetizándolo mucho, algunos analistas han alertado de que, en los últimos meses, la tasa de paro italiana se ha reducido más por la reducción de la población activa que por la creación de empleo. Un informe de Capital Economics ponía el foco en que las tasas de participación entre los menores de 30 años han descendido de forma significativa, mientras que han seguido aumentando entre las personas de 50 años o más. Desde la casa de análisis británica ofrecían una explicación positiva en base a algunas encuestas: un aumento de la educación y la formación entre los jóvenes. Esto ofrece la esperanza de que esas personas se reincorporen más adelante y con mayores habilidades al mercado laboral, mejorando la productividad.
Sin embargo, otros expertos destacan la cara menos amable del mercado de trabajo transalpino. Ryan Sweet, analista de Oxford Economics, denota un mercado interno protegido de empleados fijos y un mercado externo precario de trabajadores temporales. “Cuando la economía se debilita, los trabajadores externos pierden sus contratos y pasan al desempleo, pero la tasa de inserción laboral estructuralmente baja de Italia hace que muchos abandonen por completo la población activa en lugar de permanecer en el desempleo. La tasa de desempleo subestima el verdadero deterioro”, subrayaba en un informe reciente. También se ha señalado repetidamente que, en lo que afecta a la participación femenina, Italia también tiene una de las tasas de empleo más bajas de Europa. Solo el 56%-57% de las mujeres de 20-64 años trabajan, frente a la media de cerca del 70% en la UE.
La ‘pelota’ vuelve a nuestro país. Bassetti explica que “España, en cambio, se percibe como un sitio donde, aun con sus problemas (que muchos italianos desconocen), hay más posibilidades de arrancar la carrera profesional, moverse entre empresas y ver un poco más claro el camino de crecimiento. Si a eso le sumas que el coste de la vida en muchas ciudades es asumible, que la calidad de vida es buena y que, como tú dices, culturalmente es un país donde un italiano se integra rápido, al final la balanza se inclina hacia venir aquí a estudiar y quedarse a trabajar”, asegura este economista que trabajó durante años en Focus Economics analizando economías.
Pizzoli incide en la economía para explicar la aceleración de los flujos hacia España es la velocidad relativa del crecimiento económico. “Tras el repunte posterior al covid (donde las diferencias entre países también pueden atribuirse a las distintas respuestas políticas), la brecha de crecimiento entre España e Italia se ha vuelto a ampliar a partir de 2023″, señala.
No solo eso, también hay que tener en cuenta “la parte del idioma, que también es clave: aprender español abre muchas puertas, no solo en España, sino también en muchos entornos internacionales donde se valora mucho hablarlo. Para un italiano es un idioma relativamente fácil de aprender, así que venir a estudiar o trabajar aquí es también una inversión. Diría que son estos los factores más relevantes. Y también el ‘marketing cultura’l tiene su peso no indiferente“, sentencia Bassetti, confirmando en cierto modo el ‘mito’ de que en Italia se ha cantado mucho en español y no tanto en sentido contrario, con permiso de Sergio Dalma.