Inaudito pero cierto: Roger Tullgren, un apasionado fan del heavy metal, consiguió que Suecia le reconociera una incapacidad legítima por su adicción a este género musical. Tras ello, al estar inhabilitado para trabajar a jornada completo, comenzó a cobrar una pensión a los 42 años, que podía compaginar con un empleo a tiempo parcial.
El propio Tullgren declaró al seminario británico NME que llevaba diez años intentando que se reconociera su adicción al heavy metal como una discapacidad, procedimiento que fue bastante tedioso: “Hablé con varios psicólogos que determinaron que padezco una situación de discriminación”.
Su fanatismo por el género era tan abrumador que tres psicólogos acabaron por acordar que necesitaba apoyo para evitar la discriminación que sufría, por lo que no tuvieron más remedio que reconocer que el heavy metal se había convertido en su droga y que se trataba de una “adicción”, ya que le impide hacer vida normal.
Al final, el Tribunal de Hasslehölm terminó concediéndole la incapacidad ya que, fruto de su adicción, había sido despedido en múltiples ocasiones y tenía dificultades para mantener un empleo estable. Su pasión es tal que en 2006 fue a más de 300 conciertos.
Tullgren en la actualidad
Hoy en día Tullgren trabaja a tiempo parcial como lavaplatos en un restaurante local, donde su jefe le permite escuchar música para presumir de su pasión por el heavy metal. De este empleo percibe un salario que se complementa con la pensión que recibe: un subsidio por discapacidad de 400 euros.
El caso lo ha rescatado Francisco Trujillo, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad Jaume I de Castellón.