A las 10:00 horas de este lunes (16:00 horas, hora española) entró en vigor el bloqueo naval del estrecho de Ormuz por parte del Ejército de Estados Unidos, ante la imposibilidad de haber llegado a un acuerdo de alto el fuego el sábado en Pakistán. “Los iraníes no están dispuestos a renunciar a sus ambiciones nucleares”, argumentaba el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el domingo para justificar la ruptura de las conversaciones en Islamabad (Pakistán) e imponer un bloqueo en el estrecho de Ormuz a los barcos iraníes.
Un intento a la desesperada de Donald Trump por cambiar el rumbo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que él mismo inició, se puede convertir en una auténtica batalla naval en el Golfo Pérsico y el particular Hundir la Flota, famoso juego creado en 1980, de Donald Trump y los ayatolás, pero en esta ocasión el tablero es el Golfo Pérsico y las consecuencias no son una discusión entre hermanos, sino un duro golpe para la economía y la humanidad. Esto no es un juego de mesa.
“Advertencia: si alguno de estos barcos se acerca a nuestro BLOQUEO, será ELIMINADO inmediatamente, utilizando el mismo sistema de eliminación que empleamos contra los narcotraficantes en barcos en alta mar”, dijo el magnate a través de su perfil de Truth Social.
Teherán, lejos de cambiar de parecer y volver a sentarse a la mesa de negociaciones, aseguró que tomará represalias ante tal medida. Las fuerzas armadas iraníes emitieron un comunicado en el que aseguraba que un bloqueo de Estados Unidos a los barcos con bandera iraní en Ormuz constituiría “un acto de piratería” y un movimiento ilegal. El mismo argumento que usó Estados Unidos cuando Teherán quería cobrar un peaje revolucionario a las embarcaciones que quisieran cruzar de manera segura el paso del estrecho.
Sea como fuere, el Ejército Revolucionario plasmó claramente en su comunicado que “ningún puerto del Golfo Pérsico y el mar de Omán estará a salvo si alguno de nuestros barcos se ve amenazado”.
Así, la República Islámica no permitirá el paso a ningún buque estadounidense por el estrecho de Ormuz y sus fuerzas armadas van a proteger las aguas territoriales de Irán, declaró un portavoz militar en la emisora de radio estatal IRIB.
A ojos de Trump, este embargo naval tendría como objetivo reducir la capacidad de Irán de financiar su defensa a través del peaje revolucionario por cruzar Ormuz, además de limitar los ingresos que obtiene por la exportación de crudo.
Pero, visto cómo se comportaron los mercados de crudo este lunes, con un pico máximo en el barril de Brent cerca de los 104 dólares, esta decisión del magnate lo único que ha hecho es desestabilizar, todavía más, los mercados energéticos mundiales y romper por completo el frágil alto al fuego de dos semanas que acordaron la semana pasada Teherán y Washington.
“Disfruten de los precios actuales en las gasolineras. Con el llamado ‘bloqueo’, pronto añorarán los precios de 4 o 5 dólares por galón“, declaró el portavoz del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, a través de su cuenta de X (antes Twitter).
Ghalibaf encabezó la delegación iraní durante las conversaciones en Islamabad con el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance. Unos diálogos que fracasaron debido a diferencias sobre el futuro del programa nuclear de Irán.
Irán “tiene la sartén por el mango”
El columnista de asuntos internacionales de Bloomberg, Marc Champion, escribía que la decisión de Trump “tiene cierto sentido”, ya que la economía iraní depende en gran medida de los ingresos que genera por el comercio del petróleo a través del paso. Además, a ojos de la Casa Blanca, esto podría tener también un fuerte impacto contra China, el principal socio comercial de la República Islámica. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Guo Jiakun, llamó este lunes a la calma a ambas partes y pidió que “actúen con moderación”. Al mismo tiempo, calificó ‘el bloqueo’ como una “amenaza” al comercio mundial.
Pero el columnista señalaba algo clave: “Esto solo funciona si se cree que la República Islámica no responderá atacando más activos energéticos en el Golfo y que cederá ante la presión resultante de Trump”.
Alex Younger, exdirector del MI6 británico, aseguró que “Irán tiene ahora la sartén por el mango, pero no porque sea más fuerte que sus enemigos, sino porque está más dispuesto a infligir las consecuencias económicas a su propio pueblo que Trump u otras naciones”.
Tanto Francia como Reino Unido se han desmarcado de la intención de Trump de bloquear el paso por el estrecho. “No apoyamos el bloqueo”, aseguraba el premier británico, Keir Starmer, en la radio pública de la BBC.
Bryan Clark, oficial naval retirado e investigador principal del Instituto Hudson, aseguraba al Wall Street Journal que la Armada estadounidense “tiene la capacidad de establecer un bloqueo”, pero aclaró que si Irán comienza a dispararles o a contraatacar a las personas que operan el bloqueo, “entonces, obviamente, la situación se complica…Hay que protegerlos con buques”, advertía.
Y así de claro lo dejó Trump. El presidente exclamó en redes: “¡Cualquier iraní que nos dispare, o que dispare contra embarcaciones pacíficas, será destruido!”.
Teniendo en cuenta el panorama actual, la guerra de Irán pasará de ser una suerte de ataques punitivos a instalaciones militares, con el objetivo de desmantelar el programa nuclear de Irán, a una campaña naval indefinida para mantener el control del paso por el estrecho de Ormuz. La cuestión ahora está en ver quién será el “tocado y hundido”, si Trump o los ayatolás.