Con apenas un par de semanas de diferencia se han publicado dos informes que analizan los efectos de la reforma laboral en términos de estabilidad del empleo. Ambos arrojan conclusiones en apariencia muy diferentes, pero coinciden en señalar una sorprendente contradicción: el empleo es más estable, pero los contratos indefinidos duran menos que antes del cambio legal. Esto no se explica por el incremento de los despidos o el abuso del periodo de prueba. El principal motor de esta tendencia está en las renuncias de trabajadores. Un factor que, en un país con tanto paro y precariedad laboral, siempre ha sido subestimado en los análisis, pero que en el nuevo paradigma del mercado de trabajo está reivindicando su protagonismo.
Las renuncias son la primera causa de extinción de un empleo indefinido: en 2025 superaron los 2,3 millones y en los cuatro primeros meses del año van por 727.433, un 4,89% más que en el mismo periodo de 2024 y un 214% que en el primer cuatrimestre de 2019. Este incremento no se explica solo porque haya más trabajadores con este tipo de contrato: la incidencia mensual de las dimisiones se ha multiplicado por 2,2 respecto a los niveles previos a la reforma laboral, hasta el 1,4% en abril.
El porcentaje puede parecer pequeño, pero equivale a 192.782 bajas de afiliación. Además, crece a pesar de que la cifra total de asalariados indefinidos (el numerador de la tasa) también ha crecido con fuerza en este lapso de tiempo, de los 9,2 a los 18,8 millones. Las renuncias superan a los ceses, tanto despidos como los motivados por no superar el periodo de prueba, si bien estos también han crecido con una intensidad relativa muy llamativa que ha hecho que su incidencia se triplique del 0,1% al 0,4%, casi a la par que la de los despidos, que solo ha crecido una décima respecto a abril de 2019 y se sitúa en el 0,5%.
Como hemos contado en elEconomista.es, la tendencia de las dimisiones en España es extraña si se compara con otras economías que han experimentado un fuerte repunte de las renuncias. Nuestro país tiene una elevada tasa de paro que no encaja con el perfil de una economía marcada por la rotación voluntaria. Pero lo más importante es que el fenómeno no se ha ‘enfriado’. Las renuncias crecen menos, pero no se han reducido como sí ha ocurrido, por ejemplo, en Estados Unidos.
¿Son los trabajadores españoles más propensos a dimitir ahora que antes? ¿O existe otro factor? Aquí es donde los análisis sobre el impacto de la reforma laboral permiten arrojar algo de luz.
El efecto trasvase de la precariedad
La polémica sobre la diferente evolución entre el incremento de la contratación indefinida y la estabilidad ‘efectiva’ de esos empleos (lo que duran realmente) ha sido abordada por múltiples análisis desde 2021. Uno de los grupos de investigadores más activos en este frente, con nombres como Marcel Jansen, Florentino Felgueros y José Ignacio Conde-Ruiz ha sido sin duda la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). Este mismo martes, el think tank publicó un informe que ofrece una cifra demoledora: la duración de los nuevos contratos fijos ordinariosfirmados por jóvenes se ha reducido en 100 días.
Esta conclusión parece chocar frontalmente con la planteada por otro estudio, este de la Fundación Iseak y firmado por Lucía Gorjón, Gonzalo Romero e Imanol Lizarraga que plantea que la ‘tasa de supervivencia’ de los contratos, esto es, su duración efectiva, ha aumentado y la mejora “llega a todos los grupos de edad, con mayor intensidad en las personas jóvenes”, mujeres e inmigrantes. Sin embargo, admite que la supervivencia de los indefinidos a los seis meses de su firma ha caído en 6 puntos porcentuales (al 80,4%) tras la reforma.
Más allá de los titulares que han suscitado las conclusiones de estos dos análisis, entrando al detalle, las divergencias no son tan relevantes como las coincidencias. Hay que tener en cuenta que ambos estudios usan metodologías muy diferentes y se centran en colectivos diversos (Fedea se limita a los jóvenes), pero resaltan que el acceso al empleo estable ha mejorado. La tasa de asalariados con contrato indefinido ha aumentado del 62,5% en mayo de 2019 al 78,6% en 2026. Pero entre los menores de 25 se ha disparado del 31,1% al 71,8%.
El problema es lo que Iseak denomina el ‘efecto trasvase’. La reforma laboral ‘obligó’ a hacer más contratos indefinidos en sectores marcados por las actividades eventuales y el ‘uso intensivo’ de mano de obra: así, la hostelería pasó de una tasa de indefinidos del 62,5% al 92,6%, el comercio del 79,1% al 93,3%, la logística del 73,2% al 93,3%. Pero los mayores éxitos de la reforma están en la construcción, que dispara su tasa de estabilidad del 50,1% al 94,5% y los servicios auxiliares (que concentran un amplio porcentaje de empleos de baja cualificación y peor pagados), que pasaron del 57,2% al 81,8%.
Iseak explica que antes de la reforma, los contratos indefinidos se concentraban en personas con “vínculos laborales más consolidados”. Desde la reforma, personas que antes habrían firmado un temporal -con mayor probabilidad de interrumpir la relación laboral- firman ahora un indefinido. “El colectivo de personas trabajadoras con contrato indefinido se ha vuelto más heterogéneo”, incide el análisis. Es decir, los perfiles profesionales y de las actividades que desempeñan no han cambiado, lo que afecta negativamente a la viabilidad de los empleos indefinidos si se compara con la situación anterior a la reforma.
Esto se ve especialmente en el caso de los fijos discontinuos. Según los investigadores, han absorbido parte de la precariedad a pesar de que su protección legal es mayor. Esto tiene una consecuencia clara: “tras la reforma su probabilidad de supervivencia ha disminuido“, mientras las de los temporales se han mantenido estables.
El saldo general tras la reforma es positivo porque el peso de la contratación y el empleo indefinido han crecido con tanta intensidad que compensan el efecto trasvase de que la contratación fija se amplíe a actividades más ‘precarias’. Sin embargo, la pregunta pendiente es cómo se producen las extinciones de empleo de los indefinidos.
El laboratorio de los jóvenes
Aquí entra en juego el último análisis de Fedea, centrado en los nuevos contratos firmados por jóvenes. Según el análisis realizado por Florentino Felgueroso, José Ignacio García-Pérez, Sergi Jiménez-Martín, Marcel Jansen y Daniel Pérez-Gutiérrez, tras la reforma laboral de 2021, las dimisiones voluntarias continúan siendo la causa principal de finalización de contratos indefinidos entre los jóvenes, representando alrededor del 60% de las separaciones. Sin embargo, no se observa un aumento significativo en este porcentaje. Es decir, los jóvenes no son más propensos a dimitir.
Lo que sí se detecta es una reducción en el tiempo medio hasta la separación, lo que indica una mayor rotación incluso en los contratos estables. Así, según sus cálculos, la tasa de supervivencia de estos contratos indefinidos firmados por jóvenes ha caído del 75% al 60% a los 12 meses (aquí conviene precisar que el estudio de Iseak solo contabiliza hasta los 6 meses).
Estos resultados apuntan, de nuevo, al efecto trasvase. Como hemos contado en elEconomista.es, antes de la reforma había más renuncias de trabajadores temporales que indefinidos, que antes afectaban mayoritariamente a los jóvenes. Estos tienen más facilidades para dimitir en empleos ‘precarios’ o que no les convencen, sobre todo, cuando las alternativas para lograr otro empleo indefinido son más altas. En empleos de corta duración, además, desincentivos a la renuncia, como el derecho generado a indemnización o prestación por desempleo son irrelevantes para los recién llegados al mercado laboral.
Por otro lado, Fedea apunta a que las empresas podrían haberse vuelto menos ‘selectivas’ a la hora de hacer contratos indefinidos, que antes se realizaban pensando en empleos a largo plazo. Ahora deben realizarse para empleos eventuales, un encaje que no siempre funciona, lo que propiciaría la desvinculación del asalariado.
Otros análisis sugieren además que los fijos discontinuos podrían concentrar una tasa de dimisiones mucho más alta que los indefinidos ordinarios (aunque los datos públicos de Seguridad Social no lo desglosan). Y esta es la modalidad que más ha crecido entre los jóvenes, pasando del 2,7% en 2019 al 14,7%, muy por encima de la media general (que ha pasado del 3,1% en mayo de 2019 al 6,2% en 2026).
El ejemplo de los jóvenes plantea una tendencia clara que puede explicar los datos generales que exponíamos al principio de este artículo. La mayor incidencia de las dimisiones (y la menor duración de los empleos fijos) no se debe a que los puestos indefinidos que ya existían antes de la reforma se hayan precarizado, sino que muchos empleos precarios ahora se presentan bajo la firma de un contrato indefinido, sin que hayan cambiado sus condiciones reales.
Esto abre la puerta a diversas opciones para mejorar la situación de los trabajadores. Iseak plantea restringir el empleo a tiempo parcial y orientar las políticas activas hacia la contratación en sectores con mayor estabilidad real, mientras Fedea aboga por un sistema de ‘bonus malus’ que penalice a través de las cotizaciones a la Seguridad a aquellas empresas con una alta rotación laboral y a aquellas que la reduzcan. A diferencia del sistema de recargo de cuotas en la Seguridad Social para los contratos temporales de corta duración que ya incluye la reforma laboral, este sistema afectaría a la rotación de las empresas con independencia de la causa.
En el diseño de estas opciones, en todo caso, deben jugar un papel clave el análisis de las dimisiones como uno de los efectos inequívocos de un cambio en el mercado de trabajo que va más allá de la modalidad de los contratos que se firman en España desde 2021.