La tendencia de ventas de renta fija que se está produciendo en 2026 ha hecho saltar las alarmas para muchos inversores, que han visto cómo las carteras de renta fija sufren la caída, del entorno del 5% en precio, que están viviendo los principales bonos soberanos europeos y el estadounidense. Un descenso de esta magnitud en el mercado de deuda supone una caída fuerte, sí, y es una amenaza para las bolsas por varios motivos, pero si el efecto contagio que la renta fija puede tener en la renta variable aún no se ha producido, y los grandes índices bursátiles a ambos lados del Atlántico siguen acumulando subidas generalizadas en lo que va de año, en parte tiene que ver con que el año 2026 no está siendo, ni mucho menos, comparable a lo que fue 2022.
La bolsa aguanta gracias a las buenas perspectivas de crecimiento de los beneficios empresariales, un incremento que no se está viendo empañado por el aumento previsto de los costes de financiación hasta este momento. Aunque los bonos corporativos han experimentado un repunte en sus rentabilidades en los últimos meses, lo que se traduce en un aumento de los costes de la deuda, el proceso de tensión no está siendo, ni mucho menos, tan traumático como lo fue el de 2022.
En el caso de la deuda corporativa estadounidense, el aumento que se ha producido en 2026 ha dejado la rentabilidad media del índice de este tipo de bonos que recoge Bloomberg en niveles similares a los que había en 2025, y por debajo de los de 2023, algo que implica un aumento en el coste de financiación que, hasta ahora, es relativamente contenido. La misma situación se da en el índice de deuda corporativa europea.
Esta relativa calma de la deuda corporativa es la que parece estar sosteniendo el optimismo de los inversores en bolsa, y evitando que se produzca un descenso tan pronunciado como el que ocurrió en el año 2022, el último ejercicio en el que los grandes índices dejaron caídas de doble dígito. Gene Tannuzzo, responsable global de renta fija de Columbia Threadneedle, explica cómo, a su juicio, “la primera medida de estabilidad financiera son los diferenciales de crédito, y estos se mantienen muy contenidos. Ahora, están 2 puntos básicos por encima de los niveles de principios de año en Estados Unidos, y en Europa, en el mismo nivel en el que empezaron”, señala Tannuzzo.
El shock de 2022
Para hacerse una idea del shock que fue 2022, es interesante analizar hasta qué niveles de rentabilidad deberían llegar los principales bonos de referencia para que se cumpla un año tan malo como fue entonces: en el caso de la deuda del gigante norteamericano, el bono a 10 años debería alcanzar el 6,65% para igualar la caída del 17,8% por precio que hubo hace cuatro años. En el título alemán, el bono cerraría el año en el 5,74% para igualar el desplome del 21,3% que sufrió entonces, y en el caso de la deuda española, tendría que alcanzar el 6,52% para igualar el descenso del 23,4% que sufrió en 2022.
Si se llegase a estos extremos, el bono estadounidense llegaría a tocar la rentabilidad más alta que se ha visto desde el año 2000, el alemán desde 1997, y el español desde 2012, en plena crisis de deuda periférica europea.
La salida de la pandemia fue especialmente traumática para los mercados, que tuvieron que enfrentarse a un acelerón de la inflación y, ya en 2022, a la subida de tipos más agresiva de la historia por parte del Banco Central Europeo, y la más fuerte en cuatro décadas por parte de la Reserva Federal. Este proceso de subidas de tipos desembocó en el peor año de la historia para la renta fija, y el peor para índices de bolsa como el S&P 500 que había vivido desde 2008, y uno de los peores ejercicios de los 50 años anteriores, con caídas del 19,44%.En Europa la caída de la bolsa también fue agresiva, del 13% en el conjunto del ejercicio.
En los bonos, las caídas fueron realmente excepcionales en 2022: un 17,77% para la deuda estadounidense con vencimiento a 10 años, y desplomes del 21,33% en el título alemán y del 23,42% en el español, caídas que contrastan con los descensos en los precios que se están viendo este año, del 5,5% en el título estadounidense, 4,7% en el alemán, y 4,9%, aproximadamente, en el español a 10 años.
El aguante de la bolsa
Más allá del hecho de que 2026 no esté siendo comparable con 2022 en el aumento de rentabilidades de la deuda, hay que destacar un aspecto clave que ahora puede estar jugando a favor de la bolsa, y sosteniendo sus cotizaciones: el diferencial de crédito y el aumento del coste de financiación.
Aunque la deuda corporativa también se ha contagiado de las ventas de los bonos soberanos, y el aumento de las rentabilidades ha sido similar al de la deuda pública en lo que va de año (unos 70 puntos básicos en el índice de bonos corporativos europeos y también en el de los estadounidenses), los índices de bonos corporativos están en este momento por debajo de los máximos que se tocaron en 2022, a diferencia de lo que está ocurriendo en la deuda pública.
Esto se traduce en que el coste de financiación no ha experimentado un shock traumático, como el de 2022, que forzó a recalibrar las expectativas de beneficio para las empresas en aquel momento. El coste de refinanciar la deuda, si bien se va encarecer ahora frente a los últimos años, no va a dar un salto, a los niveles actuales, como el que dio en 2022. “El diferencial de la deuda corporativa europea sigue comprimido, a pesar de las tensiones geopolíticas”, explicaba el BCE en su informe de estabilidad financiera en mayo. “Esto se refleja en condiciones de financiación benignas, con las empresas pudiendo refinanciarse a un coste similar al de los bonos que ya tenían emitidos”, explica el informe.